La valoración de los ejercicios en el desarrollo de la vida humana es sumamente importante, ya que nos aporta beneficios no sólo estéticos, sino también anímicos y psicológicos que contribuyen a sentirnos saludables.

En la actualidad, con la ayuda del desarrollo industrial y el avance tecnológico mundial, el ser humano ha cambiado sus hábitos y costumbres, sus maneras de movilizarse, sus tiempos, sus formas de alimentación y una lista interminable de cuestiones que forman parte de la vida cotidiana de los individuos.

Anteriormente, en lugar de mirar televisión se leía un libro, costumbre que muchos jóvenes y adultos no sólo han perdido, sino que también el hecho de no practicar más esta actividad hizo que dejara de transmitirse de generación en generación, llegando así al inevitable fin de que los niños no adquirieran este hábito que emprendió el camino a la decadencia.

Lo mismo pasa con la antigua costumbre de salir a la calle a jugar con la pelota, a las escondidas, o a la famosa “mancha” y muchos otros juegos que involucraban correr, saltar, jugar y divertirse. En la era de los avances tecnológicos, se reemplazaron horas de sana actividad al aire libre, por tardes enteras de sedentarismo frente a una computadora.

Horas frente al monitor
Ir a la plaza, salir a la vereda a correr con amigos o ir a pelotear a la canchita del barrio, son esparcimientos que de a poco van siendo dejados de lado. La importancia de estos juegos radica en el necesario complemento que da al cuerpo humano la actividad física al aire libre.

Este hábito se incorpora a la vida de un niño de la mano de la educación familiar y la motivación que ésta les provea. Por esto, resulta muy importante que desde la familia se incentive al chico a practicar algún deporte, dado que esto, no sólo los ayudará en su desarrollo físico, sino que también contribuirá en la característica de la socialización, en el desarrollo de su capacidad de cooperación, liderazgo, compañerismo y decisión.

La actividad física aporta beneficios estéticos, ya que estimula al buen desarrollo de los músculos y los tonifica, como así también, ayuda a bajar de peso y quemar las grasas corporales excedentes. Aporta beneficios anímicos y psicológicos; por un lado, disminuye el stress, reduciendo la ansiedad, la depresión y efectos tales como la irritabilidad y el mal humor, debido a que el ejercicio libera las tensiones acumuladas.

Por otro lado, aumenta el flujo de oxígeno al cerebro, por lo que permite mejorar las capacidades de aprendizaje, concentración, memoria y estado de alerta; también se aumenta la autoestima y la confianza al mejorar la imagen corporal. Cuando nos referimos al cambio en el estado anímico, lo hacemos porque además de estimular la liberación de endorfinas -que son las hormonas que producen sensación de placer- muchas veces nos distrae de las preocupaciones, brinda diversión y un saludable estilo de vida.

Físicamente saludable
Realizar ejercicios no sólo fortalece las articulaciones, sino que también el corazón y los pulmones. Como ya se mencionó anteriormente, tonifica los músculos aumentando también su oxigenación y volumen. Incrementa la fuerza, flexibilidad, resistencia y densidad de los huesos; y hace que mejoren tanto la respiración, la circulación y el sistema inmunológico, como el metabolismo y la digestión. Asimismo, disminuye la frecuencia cardiaca mejorando la resistencia y condición física de la persona.

La práctica diaria previene enfermedades cardiovasculares, ya que aumenta el colesterol bueno y disminuye el malo, protege a las arterias, baja la presión alta, y previene coágulos cerebrales, así como infartos. También disminuye el riesgo de padecer diabetes y ayuda a regular los niveles de glucosa en la sangre. Tal como se ha mencionado, el movimiento físico hace que las articulaciones y los cartílagos se mantengan flexibles y permite que el tejido reciba nutrientes, reduciendo las probabilidades de padecer artritis.

Según las estadísticas realizadas por la OPS (Organización Panamericana de la Salud) y la OMS (Organización Mundial de la Salud), el 60% de la población latinoamericana no realiza actividad física regular, y el 25% de ésta lleva una vida sedentaria.

Investigaciones difundidas identificaron que el 12,6 y el 11,6% de los preadolescentes tiene sobrepeso y obesidad, respectivamente; sólo el 12% de los adolescentes come verduras al menos una vez por día y el resto (86%) no las consume nunca.

El sedentarismo en la Argentina ha ido evolucionando a través de los años, y si no se lo controla con dietas balanceadas y una práctica regular de ejercicio físico, continuará haciéndolo. En el país, el 75% de los hombres y el 60% de las mujeres, aproximadamente, entre 25 y mas de 70 años, no realizan prácticas regulares de actividad física, y si lo hacen, es de forma no frecuente con una “dosificación inadecuada” de la misma.

Hoy más que nunca, en una época en que la obesidad se convirtió en una enfermedad que ataca cada vez a más temprana edad, debemos combatir a la pereza y tratar de educar a nuestros hijos y alumnos para que opten por una forma de vida más sana; incrementar la actividad física en nuestro estilo de vida y por sobre todo en nuestra educación, son un camino a seguir.

Si empezamos hoy, mañana será más fácil, si lo dejamos para mañana, cada día se dificultará más.

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