Los seres humanos pasamos alrededor de un tercio de nuestras vidas durmiendo, ¡Los que pueden! Alrededor del 30 por ciento de los pacientes se quejan por dificultades a la hora de dormir, lo que está llevando a que se convierta en epidemia. Cómo es su tratamiento.

Los seres humanos pasamos alrededor de un tercio de nuestras vidas durmiendo. Aunque algunos duerman más y otros menos, el promedio por día ronda las siete horas. Y justamente la ciencia ha comenzado a revelar los misterios acerca de la función que cumple en nuestra vida. Fijación de recuerdos, aprendizaje y reparación celular se encuentran entre las hipótesis de trabajo del los neurocientíficos.

La falta de un sueño reparador repercute en nuestra vida cotidiana y ocasiona alteraciones en el desempeño laboral, problemas del comportamiento, accidentes de trabajo y de tránsito, y alteraciones en el humor. Es por esto que el insomnio resulta un problema a considerar.

Durante las consultas médicas, alrededor de un 30% de los pacientes se quejan de problemas en el sueño, lo que está llevando a que el insomnio se convierta en epidemia. Al existir un mayor conocimiento y divulgación del tema provoca una demanda de diagnósticos y tratamientos rápidos y efectivos. Si bien los psicofármacos cumplen con estos requisitos, induciendo un alivio sintomático en poco tiempo, generan dependencia y pueden enmascarar el problema de base.

La definición de insomnio no depende de una cantidad mínima de horas que se deben dormir. Se basa en la percepción, la queja o la mala calidad del sueño causadas por diferentes razones. Entre ellas podremos encontrar la dificultad para quedarse dormido (insomnio de conciliación), despertarse frecuentemente durante la noche con dificultad para volver al sueño (insomnio de fragmentación), despertarse muy temprano (insomnio de manutención), sueño no reparador.

De acuerdo a la duración del problema, se lo puede calificar en transitorio (una noche a algunas semanas), intermitente (algunos días si, otros no) o crónico (todas las noches y más de un mes).

Muchos son los motivos que llevan a este síntoma. Lo más frecuente es que ocurra en personas que se encuentran experimentando estrés, ruido ambiental, temperaturas extremas, cambios en el medio ambiente, cambios en los ritmos de dormir y despertar (jet lag) o efectos adversos de medicaciones. En estos casos la duración del problema es por lo general transitoria.

Cuando se prolonga en el tiempo –es decir, más de un mes- puede ser resultado de una combinación de factores como de enfermedades de base no conocidas, o desórdenes mentales, encontrando a la depresión como la causa más frecuente. Otras menos habituales son el estrés crónico, el abuso de alcohol y cafeína, el síndrome de piernas inquietas, el hipertiroidismo, la apnea del sueño, y la narcolepsia.

Un correcto interrogatorio y examen físico descartan causas complejas y de encontrarse sospechas diagnósticas se utilizarán los exámenes más elaborados. Es por eso que la elección del tratamiento depende de la forma de insomnio y su severidad.

Inicialmente es importante evaluar tanto la duración, el tipo, posibles desencadenantes y el impacto sobre la calidad de vida. Hay básicamente tres tipos de medidas para comenzar con la solución del problema: educación e higiene del sueño; terapias no-farmacológicas; y terapias farmacológicas.

La higiene del sueño se encuentra conformada por una serie de medidas y hábitos que se deben adquirir, como:

• Tener el dormitorio oscuro y silencioso
• Evitar las siestas diurnas
• Es importante exponerse al sol durante el día (permite sincronizar el reloj biológico)
• Se debe disminuir la ingesta de café, mate, bebidas energizantes y cualquiera con cafeína
• No practicar ejercicio físico cerca a la hora del sueño
• Hay que evitar el consumo excesivo de alcohol
• Tratar de llegar a un peso adecuado para la edad y la contextura corporal

La fototerapia y la cronoterapia son dos tratamientos no-farmacológicos.

Los fármacos hipnóticos son fáciles de usar porque se aplican con la simple ingesta de una píldora, por lo que son muy promocionados de boca en boca. Pero se desconocen cuales son sus efectos adversos a mediano y largo plazo. La automedicación suplanta de esta forma a la consulta médica y como consecuencia se genera una dependencia en poco tiempo. Sin embargo, en algunos casos se recomienda su uso en primera instancia para regularizar el ritmo.

Las drogas se consideran cuando el tratamiento no farmacológico no ha dado resultado o cuando se quiere regularizar el ritmo, pensando en una duración corta de tratamiento. Se debe tener en cuenta que la mayoría son psicofármacos que generan rápidamente dependencia, siendo después difíciles de sacar.

Entre los medicamentos más recetados se encuentran los hipnóticos que se utilizan para terapias breves para ayudar a regularizar el ritmo del sueño, los antidepresivos aplicados en casos en los cuales se conviva con una depresión, la melatoniana usada para resincronizar el reloj biológico en casos de trabajos nocturnos y cambios horarios (jet lag).

El correcto uso de los mismos no es simple, no solo por el potencial de abusos inherente a ellos, sino por las reacciones cruzadas que poseen, y por efectos adversos desconocidos por los no especialistas.

Lo más importante para recordar es que no hay que automedicarse ante cualquier síntoma de insomnio. Es recomendable practicar técnicas de higiene del sueño, y si no basta, consultar a su médico.

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